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Camino Roncesvalles -Santiago 2002

Terradillo de los Templarios - Rabanal del Camino

Terradillo de los Templarios - Rabanal del Camino

Día 5. Terradillo de los Templarios – Bercianos del R. Camino. 30-04-2003.

 Puedo decir que esta noche dormí como un lirón. La noche anterior había tenido la preocupación de la ampolla y me había creado intranquilidad, pero hoy ya con la seguridad que la ampolla no me impediría continuar, y el haber dormido con sábanas en una cama sumamente cómoda me facilitaron descansar adecuadamente. El día anterior había tenido toda la tarde para reposar, esto también facilitó la sensación de relajo de todas mis articulaciones. Nos levantamos a las 6,30 de la mañana, como siempre, me preparé rápidamente y me acerqué al comedor, donde pudimos desayunar adecuadamente, aunque creo que el precio fue un poco caro (3 € por un café con leche y bollo). Este desayuno me relentizó un poco, y en vez de salir solo lo hice acompañado de Javier. Este está prejubilado y según comenta se aburre en casa. Descubrió el camino hace un par de años y de vez en cuando hace recorridos de una semana. Hace dos años inicio la andadura en Roncesvalles y se enamoró del Camino. Tiene un paso lento pero constante, nunca hace etapas de más de 25 kilómetros. Desde ayer tiene una molestia en la pierna derecha (tendinitis) que le obliga a cojear ligeramente y decidió volver a casa en Sahagún. El camino da libertad de realización y se puede adaptar a las posibilidades de cada persona. Con esta charla iniciamos el recorrido, este es más variado que el del día anterior. Este se hace por caminos agrícolas y se pasa por más pueblos lo que anima al caminante y le marca pequeñas metas que facilitan el paseo. El día era claro y el frescor de la mañana ayudaba. El primer pueblo es Moratinos el cual lo atravesamos sin ver a ningún habitante. Después llegamos a San Nicolás del Real Camino este es el último pueblo de la provincia de Palencia. Esta nos ha mostrado un terreno duro y llano que marcan la personalidad de sus gentes acogedoras. Después de serpentear por caminos agrícolas siempre pegados a la nacional 120 llegamos a Sahagún.  La rica historia de la villa facundina se refleja en un importante conjunto histórico artístico que engloba obras de diferentes periodos y estilos. No existen indicios de la capilla dedicada a los mártires, han llegado vestigios de la antigua iglesia mozárabe, sobre todo capiteles. Aunque esta se situaría en la tipología común de templo de tres naves con cabecera tripartita recta. Pero curiosamente las manifestaciones artísticas más significativas son coetáneas a los momentos de mayor apogeo del monasterio. Pocos restos son los que perviven de la majestuosa Abadía Cluniacense exceptuando la magnífica capilla de San Mancio, aunque si se conservan algunas obras ejemplares en estilo mudéjar, reflejo arquitectónico de la rica integración cultural que se producía en el Burgo. Paramos a almorzar un apetitoso queso de cabra y un vino recio de la tierra. Habíamos recorrido trece kilómetros y no tenía ninguna molestia en el pie, a diferencia de mi compañero que en los último metros la cojera era notoria. Con tristeza y dándonos las direcciones nos despedimos. Otro amigo que se marcha de la aventura emprendida. Sahagún desempeño un papel importante en la historia religiosa. En el siglo XII se estableció allí la sede de la orden benedictina en España, en un monasterio del que sólo queda un arco, bajo el que pasa la carretera. En cambio, las iglesias románicas de ladrillo edificadas por una importante colonia mudéjar que permaneció en el lugar se conservan bien. Todas están construidas con idéntica planta, con arcadas ciegas sobre los ábsides y un macizo campanario de planta cuadrada que se eleva por encima del coro. De este estilo son las iglesias de San Tirso, San Lorenzo y la famosa Peregrina, en un descampado en las afueras.A las 12 de la mañana reemprendí la marcha, después de hacer una visita rápida por la población. Atravesando el puente romano sobre el río Cea y luego por un andadero para realizar los últimos 10 kilómetros de la etapa. Empezaba a hacer calor y mi ánimo no estaba muy boyante después de despedir a un compañero. A poco de comenzar distinguí en la distancia a Fernando, el maño de paso lento y mi cabeza se centró en darle alcance. El camino se empina un poco hasta Calzadilla de Coto. Sin forzar mucho el paso, no me apetecía en absoluto, fui alcanzado a Fernando que fue mi acompañante hasta Calzadilla en que me distancie poco a poco. El calor se hacia presente y las ganas de llegar ostensibles. Mi pie no me molestaba pero las piernas las tenía cargadas. Tenía dudas sobre quedarme o continuar hasta El Burgo Ranero, ocho kilómetros más. Estaba triste y cansado, por lo que decidí tomarme algo en el pueblo y luego visitar el albergue, según fuera así quedarme o continuar. Eran sobre las dos de la tarde y me encontré con el bar donde tomé una coca revitalizante. Cuando salí  volví a encontrar a Fernando que me dijo que hoy se quedaban en este pueble. Le acompañe hasta el albergue. Este es una vieja casona de labranza castellana. La entrada es por un portalón que da acceso a un paso de carruajes todo enlosado con piedrecitas. Está rehabilitada la parte de la izquierda. Por el pasillo se llega al salón, luego a la cocina y al final a un baño amplio, ero como el de cualquier casa pensado para un uso individual. Al final del pasillo se asciende por unas escaleras de madera a medio terminar a las habitaciones. Hay cuatro con colchonetas finas en el suelo de madera vieja y sin barnizar. El adobe de sus muros da un frescor muy agradable que invitan al descanso. La primera impresión cuando se ven las colchonetas es de incomodidad, luego descubriría lo bien que se duerme. El recibimiento de la hospitalera fue fantástico. Era una alemana enfermera que se había enamorado del camino y vivía todo el año en el mismo en los diferentes albergues de la Asociación. Su sonrisa manifestaba un corazón sincero y abierto que invitaban al peregrino a que se sintiera como en su casa. Tanta amabilidad y simpatía me decidió definitivamente a quedarme aquí. Nos sentamos en el salón mientras que nos invitaba a tomar una infusión con sabor a fresa. Se preocupó por mi pie y se ofreció a levantar el apósito y a limpiarlo, cosa que le agradecí pues era mejor que una profesional lo hiciera. La herida estaba mucho mas seca y me aconsejó que continuara con las sandalias durante unos días más y que la mantuviera tapada. Aprovechando la cura nos dio una clase sobre el calzado y sobre por que sufrían tanto los pies. Para ella las botas ayudan a caminar porque sujeta el tobillo, pero tienen el inconveniente de que son muy cerradas. Para la montaña donde el paso de ascensión es lento y la bajada peligrosa por la postura del pie son ideales, pero para el camino en el que su mayor problema es las muchas horas, sería conveniente conseguir algo con suelas duras, aunque no rígidas, y que estuviera suficientemente aireado el pie. A las cinco de la tarde nos fuimos a una reconstituyente siesta antes de que a las 8 de la tarde iniciáramos una maravillosa cena peregrina. -                                             Kilómetros.- 24.
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Día 6. Bercianos del Real Camino – Mansilla de Mulas. 1-05-2003

 Me desperté a las 6de la mañana después de pasar una noche en la que no me enteré. Creo que me desperté sólo una vez para ir al servicio. La colchoneta había sido mucho más cómoda que su apariencia presagiaba. Aguanté hasta las seis y media para levantarme, no quería despertar a mis compañeros. La hospitalera había dejado preparado el desayuno en la cocina para que nos sirviéramos nosotros mismos. Tomé una taza de cola cao y un par de magdalenas, que me dieran el ánimo y la fuerza necesaria para emprender una nueva andadura. En la caja de la entrada donde se dejaba la voluntad, dejé lo mismo que en los albergues privados más una cantidad más por la cena y el desayuno. Hay que compensar los gastos y dejar algo más para que sitios como este perduren, pues hacen que la camaradería y el espíritu del camino se incrementen. Nada más salir se vuelve a coger el andadero artificial que sólo nos da monotonía y rutina. Hice sólo el recorrido pues volví a salir el primero y sin entretenerme en demasía. La gente a primera hora les cuesta ponerse en marcha. El camino aunque llano ya no era tan monótono o por lo menos a mi no me lo pareció, mi ánimo, estaba feliz por la experiencia vivida. Me sentí mimado en un lugar como Bercianos, y mis fuerzas renovadas. El recorrido me llevó en un par de horas hasta Burgo Ranero. Nada más llegar supe por que se llamaba de esa manera. Un par de charcas grandes se podían distinguir a la izquierda donde el croar era continuo y penetrante en una mañana que amenazaba con muchísimo calor. Por la calle que pasé no encontré ninguna tienda abierta y no quise desviarme para ir a un bar, así que pasé sintiéndome fuerte aunque ya llevaba dos horas andando. De nuevo en el andadero se distinguían grandes distancias y volví a sentir las soledades, pues aunque el camino va junto a una carreterita esta es totalmente solitaria. No pasó ni un solo coche en todo el recorrido. La vista se podía perder en el horizonte y los pensamientos y los recuerdos volvieron a mi cabeza. De vez en cuando en el andadero te encuentras unos banquitos blancos que decoran el paisaje pero son para mi una ruptura total de la armonía mesetaria. Este tramo de trece  kilómetros desde Burgo a Reliegos se me hicieron bastante pesados y en la última hora sólo pensaba en llegar. Había cometido el pequeño error de no parar un poco a descansar en Burgo y convertí 3 horas en cinco. Cuando quedaba una hora paré un rato en uno de los banquitos con un matrimonio valenciano que estaban realizando su camino en etapas cortas. Se les veía felices de poder estar aquí. Habían soñado durante toda su vida laborar con realizarlo, pero los hijos y las necesidades económicas se lo habían impedido. Ahora ya jubilados  el tiempo no era un inconveniente. Hacían etapas de 12 o 15 kilómetros y alternaban albergues y pensiones. Se notaba en sus felices rostros el haber conseguido un objetivo soñado durante muchos años. Las cosas cuando cuestan y al fin se consiguen, generan en nosotros los seres humanos una felicidad inmensa, lo fácil se valora poco. Me contaron que durante años habían estado recopilando libros e informaciones del Camino y antes de iniciarlo ya conocían la historia y las características de los pueblos por donde pasaban. Estas informaciones ahora les servía para valorar más el entorno. Calculaban que tardarían en llegar unos cincuenta días desde que salieron de Roncesvalles Cuando me quedé de nuevo sólo medité la idea que había leído en algún sitio de que el camino hay que realizarlo en tres tempos, uno antes, donde se absorbe la documentación del viaje y los sueños vuelan en imaginar como serán las cosas. Después durante, en la que se tiene que fundamentalmente vivir la realidad y complementar lo soñado. Y por fin después, donde recordaremos toda la vida la experiencia que se tuvo. Los tres momentos marcan procesos felices y complementarios. Al primero hay que darle el tiempo que necesito y si no lo tenemos o es demasiado corto, nos perderemos el aspecto ilusionante de la aventura y cuando lleguemos a la segunda no sabremos valorar lo que estamos viviendo con la misma plenitud. Con un gran cansancio llegué a Reliegos sobre las 12 de la mañana con más de 20 kilómetros recorridos casi sin paradas. Directamente busque la fuente de la plaza donde me refresque y repose 10 minutos. Llegó Fernando con su ritmo acelerado. Como tenía que esperar a Antonio nos fuimos al bar que estaba al lado y nos metimos entre pecho y espalda una tortilla de patata que me supo exquisita. Me comentó que hoy era su último día de andadura, se les acababa las vacaciones. Juntos recorrimos la legua que hay de Reliegos a Mansilla por unos campos mucho más variados. También se empezaba a notar la proximidad de una gran ciudad. La conversación ayudó a llegar casi sin darnos cuenta a Mansilla de Mulas. Aquí fui directamente al albergue. Me dieron acogida en la primera planta en una habitación de diez literas. Este albergue tiene cabida para muchísimos peregrinos, yo calculo que casi un centenar. Tras una ducha y una ligera colada bajé a despedir a mis compañeros maños. Después de esto fui a reposar en el patio lleno tiestos del albergue. Aunque hacía calor aquí se estaba relativamente fresco. Aproveche para escribir postales a mis amigos y hacerles partícipes de mi experiencia. A última hora salí a dar una vuelta sólo, no me apetecía la conversación y si la soledad. Medité un rato en todos los compañeros que habían ido apareciendo y desapareciendo desde Burgos. Sólo quedaba yo de los que había intimado. Me sentí bien y satisfecho, había conseguido pasar la crisis del tobillo, ya no me molestaba. Había conocido unos albergues maravillosos y sólo llevaba una semana. Con estos pensamientos pasee por las calles peatonales llegando hasta el puente sobre el río Esla, donde me entretuve viendo como corría el agua. Mi cabeza comparó el agua que corre bajo un puente con todos estos pueblos que durante siglos han visto pasar peregrinos.  Compré unos yogures y algo de embutido para la cena en el albergue y a las nueve y media ya tenía la mochila preparada para el día siguiente y estaba tumbado en la litera observando los preparativos de los demás peregrinos. Al alucinante la cantidad de veces que en el Camino se hace y rehace la mochila. Se puede llegar a saber la personalidad de una persona en la forma en que se rellena. Los hay meticulosos y los hay desordenados, los hay austeros y los hay despilfarradores, los hay pulcros y los hay dejados. En algún momento alguien podrá realizar un estudio psicológico teniendo por base la mochila.    -                                             Kilómetros.- 26.

Día 7. Mansilla de Mulas – Villar de Mazarife. 2-05-2003

 Desperté en lo alto de la litera y sentí un cierto agobio. El ambiente en aquella habitación con veinte personas con una sólo ventana era de un calor asfixiante. Algunos peregrinos estaban colocando sus cosas en las mochilas, intentando hacer el mínimo ruido pero para nuestra desgracia utilizaban bolsas de plástico que crujían. Eran las seis y cuarto de la mañana y amenazaba un día muy caluroso. Ante la imposibilidad de dormir me levanté y me asee rápidamente. En apenas 10 minutos estaba en la calle. Eran las seis y media de la mañana, no había amanecido todavía. El puente estaba solitario y no encontré ningún bar donde meter algo al cuerpo. Concentrado en mis pensamientos y viendo como iba amaneciendo llegue en menos de una hora por un camino de concentración hasta Villamoros. Vi un bar que estaba abriendo y no lo dude entre a tomar el obligatoria comida que anima el cuerpo por la mañana. Fue apenas un café con leche y un bollo pero suficiente para terminar de templar el cuerpo. Al salir continué con mi ritmo y en solitario. Algunos peregrinos madrugan mucho, nos despiertan a todos y luego les cuesta ponerse en marcha. Al poco de partir llegue a Puente de Villarente donde hay que resaltar la peligrosidad del puente que da nombre sobre el río Porma. En tantos sitios se hacen andaderos o se buscan caminos que alargan recorridos con la excusa de la seguridad y aquí justo lo contrario, meten al peregrino en un atolladero donde los coches pasan a escasos metros de distancia. Este pueblo es una larguísima área de servicios, con bares, restaurante, hostales y gasolineras a lo largo de la carretera nacional.  De aquí hasta León los pueblos se van sucediendo por los extrarradios de la ciudad, donde los polígonos industriales devoran los pensamientos y la moral del caminante. Hasta Puente Castro se va en ascenso pero desde aquí se inicia una bajada hasta León. Este pueblo y la bajada siguiente se hacen por el arcén de una carretera con muchísimo tráfico, convirtiendo este tramo en uno de los más feos del camino.  Ya se sabe que las entradas a ciudades son de forma inevitable trámites que no siempre se pueden hacer por sitios hermosos. Eran las once y media cuando atravesé el Puente sobre el río Torío y me absorbió esta ciudad. Al poco llegue al albergue de las Carvajalas. Estaban limiando el suelo y ya había cinco o seis peregrinos esperando para hospedarse allí. La gente aprovecha para llegar pronto a estas ciudades monumentales y poder visitarlas tranquilamente. La verdad es que León merece la pena. A mi particularmente me agobian en el camino y prefiero el campo y los pequeños pueblos, me encuentro más integrado. En las grandes poblaciones tengo la sensación de estar desubicado. Como era tan pronto decidí continuar y ver hasta donde llegaba. Después de sellar me dirigí a la Catedral por las calles estrechas y llenas de encanto. La explanada de catedral muestra la majestuosidad de este fantástico monumento gótico, sólo comparable con las mejores del mundo. Pasé al interior y me maraville de las prodigiosas vidrieras. Estuve durante diez minutos sentado en un banco respirando la espiritualidad que este edificio tiene. Pensé en la Edad Media y en la cantidad de peregrinos que pasarían por este lugar. En ese momento la Iglesia daba acogida en su interior a los pobres peregrinos.  Coincidí con el inicio de una visita guiada (2 €) y no lo dude. Con la mochila a cuestas, no pude dejarla en las taquillas, seguí a la guía por las dependencias catedralicias. El resto de visitantes, en su mayoría españoles, me miraban con extrañeza por mi indumentaria. Ellos iban con ropas informales pero impolutos, en cambio yo iba con mi pantalón corto de deporte, una camiseta sin mangas, unas sandalias con calcetines no demasiado limpios, ya habían hecho hoy 20 kilómetros, y una mochila con una gorra enganchada. No me importó demasiado, y es más me sentí orgulloso de poder haber ido desde la Catedral de Burgos hasta esta otra maravilla andando y como peregrino. Se visitan los claustros y la exposición  y es increíble el patrimonio de la iglesia. Especial atención preste a una fantástica exposición de imágenes de Vírgenes románicas, recopiladas de todas las parroquias de León. Dentro de su sencillez de rasgos marcan una espiritualidad sublime. Bien vale un viaje por sólo ver esta sala llena de esculturas en madera policromada. Este recorrido duró una hora y a la una del mediodía estaba de nuevo en la calle. Me dirigí a San Isidoro y posteriormente a San Marcos, ya sin pararme en visitarlos. Si la entrada es mala, la salida no es mejor, para mi mucho peor. Se llega a Trobajos del camino por aceras. Me llamó la atención el cruce del río Bernesga y después una iglesia pequeñita con un Santiago Matamoros policromado. Se atraviesa por un puente horrible la vía de ferrocarril.  Como eran las dos y cuarto y las piernas las tenía un poco cargadas, decidí parar a comer. Encontré un restaurante lleno de obreros de la construcción y estuve seguro de que era un buen lugar. Cuando entré volví a sentir las miradas de extrañeza por ver un mochilero con unas pintas que se salían de lo normal. Me dieron una mesa en un rincón. El menú del día era contundente, ensaladilla de primero, callos con garbanzos y arroz con leche de postre. Como no había cenado la noche anterior y tampoco almorzado, y del desayuno casi ya no me acordaba, tomé con apetito todo lo que me pusieron. La verdad es que los callos estaban buenísimos. Un café solo completó esta opípara comida.  Después de una hora larga volví a cargar la mochila. Los primeros pasos se me hicieron muy pesados por la comida, por la fealdad del polígono industrial y por el calor. A las cuatro y media estaba frente al santuario mariano de la Virgen del Camino. La fachada con las figuras de los apóstoles y la Virgen me parecieron fantásticos, es increíble que un hombre pueda tener la sensibilidad de Joseph María Subirachs para fundir en bronce semejantes esculturas. Intenté entrar al interior pero estaba cerrado, así que con resignación seguí la marcha.  En este punto se puede ir por la autopista o por el campo. Por la primera se pasa por Villadangos y por la segunda por Villar de Mazarife. Como estaba harto de tanta civilización elegí la segunda. Coincidí con dos peregrinos que uno de ellos llevaba el pie muy mal, lleno de ampollas. Les acompañe un rato hasta Oncina de Valdoncina. Allí en un parque infantil nos refrescamos en una fuente y yo decidí continuar y no esperar al descanso de mis acompañantes. Despacito y con los ojos bien abiertos para ver la campiña leonesa, se ve una inmensa pradera con algún que otro roble. Fue una alegría volver a ver el horizonte que había perdido durante bastantes kilómetros. El campo había cambiado, se notaba que ya o se llaneaba y que los montículos eran más pronunciados, no tenían nada que ver con la monotonía de los días anteriores. Con estas visiones en menos de una hora y media llegue a Chozas de Abajo, un pueblecín casi abandonado a estas horas de la siesta. Sabía, por la guía, que había un bar y pregunté por él a una chiquilla que jugaba con su bicicleta. Muy dispuesta me guió hasta él mientras que me preguntaba si era francés , su madre la había dicho que el camino era el francés y ella había supuesto que eran de esa nacionalidad todos los que pasaban por él. El bar estaba lleno y en las mesas se jugaba al tute. Tomé una tónica y llena la botella de agua me lancé a otra hora de paseo. Estaba ya cansado por esta larga jornada y estaba deseando llegar a destino. Villar de Mazarife me esperaba con su albergue ubicado en una típica casa labriega de dos plantas. Muros de adobe, patio trasero, pequeña cocina y habitaciones pequeñas tanto en la planta baja como alta. Una escalera estrecha y empinada une las dos plantas. La planta superior tiene un corredor de suelo de madera muy agradable. No estaba lleno y Jesús, el hospitalero, me ofreció una cama de matrimonio para mi solo en una habitación pequeña que daba al patio. Dormiría sólo en una cama grande, que lujo. El colchón viejo era cubierto por una manta de lana.  Jesús es tremendamente agradable, un agricultor que después de la tarea diaria se dedica a mantener estas instalaciones. Por la voluntad da todo el calor humano que el peregrino necesita.  Me duche y realicé la colada. A diferencia de otros días sentía muy cargadas las piernas, cuarenta kilómetros es bastante esfuerzo. Despacito y con ropa limpia me dirigí a recorrer el pueblo, quería cenar pronto para irme rápidamente a la cama. Después de unos centenares de metros me encontré con el Mesón Rosi, había leído que era famoso su cocido, así que entré a comprobarlo. Me recibió una señora mayor, Rosi, que con mucho cariño me dijo que tenía que esperar a las ocho para la cena. Tiempo que empleé en tomar una jarra de cerveza con limón y en hablar con esta señora que alardea de su cocido. Cocido madrileño y no leones o maragato.  Me obligó a escribir en su libro de peregrinos antes de empezar a cenar. Como no, tomé el cocido ante el empeño de la misma. Aunque había tomado unos callos con garbanzos para comer el cocido me entró maravillosamente. La verdad es que esta bueno y la cantidad muy abundante. Lo acompañé con media botella de vino de la tierra. Es una sorpresa encontrar un lugar tan pequeño como Villar de Mazarife y donde dan tan buena acogida al peregrino. A las nueve y media ya me encontraba en la cama con las piernas muy cargadas, tuve que tomar una aspirina que me relajara y me hiciera descansar mejor. En este día no tenía intención de hacer tantos kilómetros pero el camino me llevó, y así debe ser. Nosotros tenemos que dejarnos por lo que él nos imponga. -                                             Kilómetros.- 39,8.

Día 8. Villar de Mazarife – Murias de Rechivaldo. 3-05-2003

 

 Dormí de un tirón hasta las siete de la mañana en que sonó el despertador. No se oía nada, estaba en una habitación privada dentro de un albergue. Me encontraba bien pero se notaba el esfuerzo realizado el día anterior. Me levanté y después de asearme emprendí la marcha. La gente ya había partido y por una carreterita llana y sin apenas circulación fui dando cuenta de los primeros kilómetros. El tobillo del pie izquierdo, el contrario al de la herida, me empezó a molestar, pero no me impedía caminar. Después de unos seis kilómetros se acabó la carretera y se convirtió en un camino pero aún me quedaban otros 4 para llegar al pueblo de Villavante. Nada me impresionó o despertó la curiosidad, así que continué el camino. Mi mente se entretuvo en el vuelo de unas cigüeñas sobre los campos de cereal. Es curiosa la recuperación de estas aves que hace unos años escaseaban. Parecía que no hacían ningún esfuerzo durante su vuelo, se deslizaban entre los aires puros de estas tierras.  Eran las once y cuarto cuando llegue a Hospital de Órbigo, donde pase por su famoso puente, donde se desarrollaron las conocidas fustas. Este puente romano está rodeado de arbolado y praderas la mar de apetecibles después de pasar por el páramo en un día de calor. Durante todo este tramo no me encontré con ningún otro peregrino. Ahora os contaré la historia de este puente espectacular. El puente de 19 arcos sobre el río Órbigo, de origen romano aunque remodelado en el siglo XVIII, es famoso por un suceso histórico que le dio fama. En 1434 el caballero leonés don Suero de Quiñones organizó un torneo de armas, retando a todo caballero que quisiera transitar por el puente, a romper tres lanzas contra él y sus nueve acompañantes. Todo para conquistar a su dama Leonor Tovar. Se corrieron 727 carreras y se rompieron 166 lanzas durante un mes, con la excepción del día de Santiago. Cumplido el torneo -sólo murió un caballero- peregrinaron a Santiago donde entregó al apóstol una cinta azul que pertenecía a su dama. Don Suero, 24 años después, moriría en otro torneo contra uno de los caballeros que había vencido en el Paso Honroso de Órbigo.” Pasado el puente paré en un bar a tomar el desayuno. Tras un descanso de media hora recorrí las calles de este pueblo donde las mujeres con sus bolsas hacían la compra diaria.  Volví a salir al camino y el paisaje volvió a cambiar para convertirse en pequeños montes que amenizaban el recorrido. En una hora más llegue a Villares de Órbigo donde paré a tomar una coca cola en el bar del pueblo.  Media hora después llegue a Santibáñez de Valdeiglesias un pueblo pequeño con un albergue en la antigua casa del cura. Entre en él y reposé un rato hablando con unos peregrinos. Había uno de Almería que presumía de sus etapas largas, me pareció que era uno de esos que fanfarronean cuando la realidad puede ser otra.  El frescor del lugar y el cansancio del día anterior me tentaron a quedarme, pero eran solamente la una de la tarde y no me apetecía encerarme entre aquellos muros sin hacer nada. El pueblo es muy solidario pero no ofrece ningún atractivo excepto la tranquilidad. Salí del pueblo por una finca de ganado vacuno donde podía ver a unas cuantas terneras en el establo. Con paso lento y sosegado emprendí un bello recorrido por unos arbolados que me llevaron hasta el alto de San Antón donde un cruceiro y unos bancos de piedra animan a la parada. Cosa que hice. El pie me empezaba a molestar bastante. Tras este descanso de media hora emprendí la marcha hacia Astorga. A las 5 de la tarde con un calor importante llegué al centro de esta población digna de una parada turística  Son impresionantes el palacio episcopal de Gaudí, su Catedral y las murallas. Visité el palacio y la sensación que tuve fue la de entrar en un castillo de hadas y cuento. La genialidad de Gaudí se hace patente pues con toques modernos integra perfectamente el edificio en un entorno eminentemente gótico. Pude visitar sus salas con la mochila al hombre. Dentro, disfruté del frescor y de la soledad, a esas horas apenas tenía visitantes. Eso si, me cobraron 3 euros por el recorrido, ninguna consideración por ser peregrino. La catedral la visite por el exterior, estaba cerrada y hasta las 19 horas no la abrían. Estaba cansado y me apetecía un lugar tranquilo donde descansar, así que decidí marchar a Murias de Rechivaldo que sabía tenía un pequeño albergue. La solanera era importante pero poquito a poco llegue al cruce de la carretera a Murias y encontré un bar donde tomarme una cerveza con limón. Estuve parado un rato y con mucho calor reemprendí la marcha hasta la pequeña ermita del Ecce Homo donde pude ver su interior y su famosa imagen. Pasé por encima de la AP-6 y en tres cuartos de hora llegué al albergue. Tuve que conseguir la llave en una casa próxima. Este era una antigua escuela hoy convertida en albergue. Se compone de un gran salón con colchones y dos habitaciones con dos literas, y por último dos baños pequeños pero ambos con duchas. Me acoplé en una de las habitaciones y después de una ducha estuve casi dos horas reposando. Estaba agotado y el pie me molestaba. Era claro que tenía un principio de tendinitis. Cuando salí a cenar no había llegado nadie al albergue. Cené en uno de los restaurantes y a las 10 estaba en este albergue, por esta noche privado. Hay días con compañía y días solitarios, depende de cómo te encuentres. Disfruté de mis pensamientos y de una ciudad preciosa como es Astorga. -                                             Kilómetros.- 35,2.


 

Día 9. Murias de Rechivaldo – Rabanal del Camino. 4-05-2003

 

El día anterior no tenía intención de hacer tantos kilómetros pero el camino me llevó, y así debe ser. Nosotros tenemos que dejarnos hacer por lo que él nos imponga. Me levanté como todos los días a las 7 de la mañana con el cuerpo descansado y el pie con dolores cuando caminaba. Decidí hacer una etapa corta para intentar recuperarme. Deje la llave en el buzón, donde me dijeron, y empecé el camino lentamente por que el dolor me impedía mi ritmo normal. Al poco de comenzar me encontré un peregrino de Madrid que había visto la tarde anterior en Astorga. Levaba buen paso y enseguida me adelantó. Sobreponiéndome a mis molestias le seguí a una cierta distancia, para que fuera un estímulo a mi paso. Conseguí seguirle durante un par de horas hasta el Ganso. El terreno era claramente en ascenso por campos muy hermosos. Pasamos a cosa de una hora por Santa Catalina de Somoza. El dolor era casi insoportable, por lo que decidí ponerme de nuevo las botas para que me sujetaran mejor el pie, pero el dolor seguía estando ahí. En el Ganso paramos en el bar vaquero donde tomé el desayuno del día. Estuve parado durante una hora. No tenía prisa en llegar a Rabanal. Cuando reemprendí el camino el dolor continuó. A las 12 de la mañana llegué a Rabanal, donde se acabó la etapa por hoy. Empecé a tener dudas si podría continuar mañana, pero decidí descansar y ver que pasaba. Me quedé en el albergue privado del Pilar. Fui el primero en llegar y pude escoger la primera litera. En el patio descansé durante todo el día dándome masajes con voltaren crema. Desde mi rincón pude observar la llegada de los peregrinos y charlar con algunos de ellos. El sitio es tremendamente agradable y sociable, ayudando mucho la amabilidad de la hospitalera. Comí un trozo de empanada y la siesta fue inevitable para el buen reposo del pie. Sólo por la tarde me animé y me decidí visitar este pequeño pueblo. En la iglesia románica hay una comunidad de monjes que todas las tardes rezan las vísperas con un rito antiguo y lleno de espiritualidad. Es digno de observarlo pues la paz interior llena los corazones de los asistentes. Es como una sobredosis de tranquilidad y misticismo. Esta localidad de casonas macizas de piedra sirvió de avanzadilla de los Templarios de Ponferrada para proteger a los peregrinos hasta su llegada al Bierzo. Rabanal fue también albergue (en la Casa de las Cuatro Esquinas) de Felipe II en su peregrinación a Santiago. Desde esta villa, según la leyenda, Carlomagno y su fiel caballero bretón Anseïs contemplaban Astorga y Sahagún. Durante la Edad Media existieron varios hospitales e iglesias. Los peregrinos paraban aquí a recobrar fuerzas y agruparse para pasar las cumbres del peligroso monte Irago donde acechaban los bandidos. Antes de entrar en el pueblo se encuentra la ermita de la Vera Cruz, ya en la calle Mayor se pueden contemplar la ermita de San José y el Hospital de San Gregorio. En la parte alta del pueblo se halla la iglesia parroquial de Santa María, uno de los pocos ejemplos románicos que se pueden encontrar en esta zona. Pese a tener 60 habitantes mantiene tres refugios, además hay una tienda que vende pan y algún hostal donde se puede comer.  -                                             Kilómetros.- 15,9.

 

 


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1 comentario

grabi -

me encanta osea chachi
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